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24 nov. 2014

Hebreos 13:2

No se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.




Mateo 25:35 dice: Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis.  Abraham recibió ángeles y lo vemos en Génesis capítulo 18.  Ya sea que Dios decida que alguno de sus ángeles se atraviese en nuestra vida o que recibamos a una persona, nuestro deber es practicar la hospitalidad.  Recuerda la parábola que cuenta Jesús sobre el samaritano que se detiene a ayudar al hombre que había sido robado y atacado.  Hospitalidad significa dedicar de nuestro tiempo, dinero y esfuerzo no solo con aquellos que conocemos y queremos sino con todos.  Tristemente cuando uno se encuentra en ciudades donde la inseguridad es alta, uno prefiere pasar de largo ante cualquier necesidad porque pudiera ser una oportunidad para algún maleante de querer aprovecharse y por consecuencia nadie ayuda.  El día de ayer vi el testimonio de una mujer que “levantó la mano” y dijo: quiero servir.  Ayuda a personas de la calle y les comparte del amor que Cristo tiene para nosotros.  Está impactando vidas solamente porque decidió dejar de estar sentada escuchando y ponerse a actuar.  ¡Es tiempo de hacer lo mismo!  La hospitalidad es una gran manera de trabajar para el Señor.  Dejamos de pensar en nosotros y nos enfocamos en los demás.  Abrimos los ojos a las necesidades que hay alrededor de nosotros.  ¡Hay mucha!  No solo espiritual sino física o material.  La gente se pregunta por qué Dios permite las guerras.  ¿Por qué Dios permite que haya pobreza y gente muriéndose de hambre?  La respuesta es simple: la culpa la tenemos nosotros al no obedecerle.  Al no dar hospitalidad a nuestro prójimo.  Al no alimentar al que tiene hambre.  Al no sanar al que está enfermo.  Preferimos seguir con nuestro camino tratando de pensar que no pasa nada y cada quien tiene sus propios problemas.  Preferimos pensar en qué nos hace falta y qué más queremos en lugar de buscar satisfacer las necesidades de los que están a nuestro alrededor.  Egoísmo puro.  ¡Por eso hay tanto sufrimiento en este mundo!  Por ese egoísmo que dejamos florecer matando al mismo tiempo la posibilidad de amar al prójimo.  La Real Academia define hospitalidad como una virtud que se ejercita prestando asistencia con quienes la necesitan.  ¡Una virtud!  Si hay personas que ayudan y no tienen a Cristo en sus corazones, ¡cuánto más nosotros deberíamos ejercitar la hospitalidad en nuestras vidas!
No soy una persona que se detenga a ayudar a cada persona que se cruza en mi camino.  Al contrario.  Me parece que soy bastante egoísta.  Te pido que, si eres como yo, meditemos y pidamos a Dios que cambie nuestros corazones.  Dejemos ese egoísmo atrás y quitémonos el lastre de estar pensando tanto en nosotros.  Busquemos practicar la hospitalidad.  Tal vez abriendo las puertas de nuestra casa para que se estudie la palabra de Dios.  Pide al Señor que abra tus ojos para que puedas ver en dónde y cómo quiere que trabajes y practiques la hospitalidad.

Oración

Señor: quiero dejar mi egoísmo atrás.  Quiero ser una persona que practica la hospitalidad con su prójimo.  Quiero ser una persona que ama a su prójimo y da testimonio de Tu amor a través de mis actos.  Corrige mis pasos.  Trae luz a mi camino.  Te lo pido en el precioso nombre de tu Hijo Jesús.  Amén.

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