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10 nov 2014

Hebreos 12:18-21
Ustedes no se han acercado a una montaña que se pueda tocar o que esté ardiendo en fuego; ni a oscuridad, tinieblas y tormenta; ni a sonido de trompeta, ni a tal clamor de palabras que quienes lo oyeron suplicaron que no se les hablara más, porque no podían soportar esta orden: ¡Será apedreado todo el que toque la montaña, aunque sea un animal!  Tan terrible era este espectáculo que Moisés dijo: Estoy temblando de miedo.


Jehová es el mismo hoy, mañana y ayer.  Sin embargo, esto no quiere decir que siempre se ha manifestado de la misma manera.  En los tiempos de Moisés, utilizó el viento, una zarza ardiendo, nubes y otras formas.  Después hubo aquellos que tuvieron la oportunidad de verle hecho hombre en Cristo.  Hoy, lo podemos ver porque su Espíritu mora en aquellos que le hemos recibido y hecho nuestro rey y salvador.  En los tiempos antes de Cristo, existían muchas reglas o limitaciones que hoy en día no tenemos.  Insisto.  No porque Dios sea distinto sino que, dentro de su soberanía y perfección, cada acción tiene un propósito y un tiempo específico.  Hoy tenemos la enorme bendición de tener al Espíritu morando en nosotros.  No necesitamos de un arca o de ir a algún templo para acercarnos al Señor.  ¡Él vive en nosotros!  Sin embargo, debemos aprender de los ejemplos de la biblia porque también es Dios hablando.  En el pasaje de hoy, se hace referencia a los tiempos en los que la falta de obediencia a Jehová se castigaba inmediatamente.  Cada acto que la gente hiciera, estaba sujeto a la ley.  Por eso el mismo Moisés dice que tenía miedo.  Pareciera un tiempo muy extremo y exagerado, pero la realidad es que hoy en día las cosas son iguales.  ¿No me crees?  Te explico.  Lo que Dios buscaba en ese entonces y busca hoy en día es que abramos los ojos a su abominación por el pecado.  Quiere que entendamos que no tiene comunión con las tinieblas y que no podemos llevar una doble vida.  Obedecemos en todo o simplemente no pertenecemos a Él.  En los tiempos de Moisés y antes de Cristo, Dios estableció leyes que mostraran físicamente estos principios.  Hoy en día, debemos entender que Cristo es quien recibió todos esos castigos por nosotros.  El pecado sigue siendo abominación para Dios.  Todo sigue igual.  Lo que cambió es que ahora tenemos a Cristo y antes no.  ¿Por qué hoy en día no vemos que la gente caiga muerta por cometer algún pecado como lo vemos con Ananías y su esposa al querer engañar a Dios?  No lo sé.  Lo que sí sé, es que las instrucciones de Jehová siempre han sido constantes: permanecer en Él, hacer su voluntad y alejarnos del pecados.  Si bien, hoy vivimos en la gracia de Dios, no debemos pasar por alto las palabras que demuestran el sentimiento de Moisés.  Es un hecho que debemos tener miedo de fallarle al Señor.  Debemos tener miedo de “jugar” con el pecado.  Debemos entender que para Dios no existe una doble vida sino gente comprometida o sin comprometerse.  Te animo a que examines en dónde estás parado.  Tal vez has tomado a la ligera el pecado y vas de un lado al otro sin ningún tipo de congruencia entre tus actos y tu vida espiritual.  Medítalo.  Piensa en cómo Dios aborrece el pecado y qué vas a hacer para cambiar.

Oración

Señor: gracias por tu palabra y enseñanza.  Te pido perdón porque he tomado el pecado a la ligera.  No necesito que caiga un rayo para entender que aborreces las tinieblas y que en Ti no hay mancha alguna.  Yo quiero permanecer en Ti.  Yo quiero obedecerte.  Yo quiero seguirte y dejarte que renueves toda mi vida.  Te lo pido en el precioso nombre de Cristo Jesús.  Amén.

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